Han pasado 14 años desde que dejaste de respirar y parece que fue ayer, abuelo . Cuando me enseñaste lo bonito de reír y cantar. Han cambiado tantas cosas. Ya soy enfermera de esas que tu admirabas, a veces me gustaría saber si desde dónde estás eres capaz de verme. Si te sientes orgulloso de mi. Si estás al lado de la abuela, que no podía vivir más sin ti. Me acuerdo de cada una de tus palabras. De vuestra preciosa historia de amor.
La de un simple barbero y una modista reconocida de ojos azules. Como la enamoraste, como la conquistaste con tu labia y tus artes. Como le entregaste algo que no se podía comprar. La hiciste tan feliz. Nos hiciste tan felices con tus chistes y tus cantos. Me acuerdo cuando me decías "Aniña tes que casar con un galego". Querido abuelo, el destino quiso obedecerte.
Lo conocí en una mala época poco después de tu marcha. Creí que no podría ser capaz de volver a reír. Tu muerte supuso la peor de las noticias de mi vida, me di cuenta que lejos de los posibles lazos eras mi padrino, mi abuelo, eras/ eres y serias mi referencia en la vida. Hoy mi padre y mi madre tomaron el relevo, pero tu eres irreemplazable nunca me faltaras, vivirás para siempre en mis palabras y en mis actos.
Abuelo sé que estás y que sabes todo de mi. Intuyo que estás tan dentro que eres capaz de sentirlo todo.
Como una muerte no puede acabar con un amor y admiración profunda, la mia, de tu "Aniña".
Quiero desde estas ondas llegar a ti y contarte que tenías razón que necesitaba ese "galego" en mi vida.
"El mundo se resume en su respiración. El tiempo se colapsa tratando de seguir el sube y baja arrítmico de su pecho. Todos los secretos del universo se encuentran ocultos detrás de sus párpados, y la escalera al cielo desciende a partir de su ombligo.
Me siento afortunada de verle dormir, me inunda su belleza y la perfección del momento, recuerdo las veces, abuelo que me aconsejabas disfrutar de los pocos placeres que da ésta vida. Aún así, no puedo evitar observarle en silencio desde esta esquina del cuarto, de nuestra cama. Desearía tocarle siempre; deslizar mis yemas por su cuerpo, despacio, casi como tocando el más fino instrumento. Quisiera besarte y sentir su piel sin despertarle, sin perturbar su sueño.
Corre el tiempo y sigo aquí acompañada como un centinela de su sueño aguardándole Disfruto tanto de verle dormir, pero me carcome el ansia por que despierte porque sé que un solo beso suyo terminará el debate eterno sobre la existencia del amor, el que a diario me procesa.
Me encanta cuando me mira y logramos hablar sin usar las palabras. Cuando me cuida intensamente como si de una princesa se tratará...
Me encanta cuando hace que mi día valga la pena, que disfrute al despertarme, que haya algo qué esperar.
Porque la noche nunca puede ser obscura cuando la luna está llena, porque no se puede ser infeliz, teniéndote a él, a sus detalles constantes, a las sorpresas diarias...
Porque cuando habla, se me eriza la piel.
Porque puedo cerrar los ojos y recordar cada fragmento de un cuerpo y eso que no es el mio.
Porque mis dedos no podrían ser más felices que recorriendo su espalda.
Porque me haces sonreír, incluso cuando solo tienes ganas de llorar.
Porque con él la música es mucho más profunda.
Porque me emociona, pensar en él en cada momento.
Porque con un solo beso suyo mi mundo puede desaparecer.
Porque debería estar durmiendo y en vez de eso sólo puedo mirarle y amarle.
Porque desde que le conozco, se ha nublado el Yo y se ha convertido en nosotros.
Abuelo, gracias de corazón por todos esos momentos que no se borrarán y que iré recordando dosificados.
Por ser mi ejemplo y enseñarme que esto que siento es el amor. Por estar conmigo hasta el último día y por que tus dos ultimas horas te las pasaste hablándome de lo humano y de lo divino y enseñándome que el amor llega para todos y que solo que saber administrarlo.
Gracias por escucharme abuelo,
de corazón te quiere
Aniña