
Recorro las calles a paso lento y con la mirada perdida. No puedo parar de escuchar mi propia voz retumbando en mi cabeza, como un eco, que me impide fijarme en nada más. Su discurso es tan rápido que a veces incluso me cuesta seguirla. Por momentos parece que intenta convencerme de algo. Luego parece que soy yo la que se defiende con nuevos argumentos. La razón hace tiempo que dejó de formar parte del juego, y la terrible sombra de la soledad se cierne amenazante, sea cual sea la vertiente que tenga la palabra en ese momento. No paro de cruzarme gente en todo momento, pero su presencia no supone para mí más que la del árbol que dejo a mi izquierda o la señal que adorna la calzada. Todas esas personas no son más que elementos de fondo. Un asqueroso decorado de cartón piedra que muta a gusto de un tramollista caprichoso y arbitrario que permanece oculto durante toda la obra. Y yo, sóla, en medio del escenario, no paro de pensar en el único y verdadero protagonista de mi obra, mi compañero, ausente, y sin apuntador que le diga lo que toca hacer. Tampoco dispongo yo de apuntador. Entonces me doy cuenta de que tampoco dispongo de público, y en ese caso, ¿a quién le importa como acabe todo?
Me propongo dejar de divagar. Intento fijar mi mirada en todo lo que me rodea. Sigo viendo gente, vidas que fluyen a mi alrededor pero sin cruzarse con la mía, rostros indiferentes, y finalmente descubro que no hay nada que ancle allí ni mi mirada ni mis pensamientos, y de nuevo vuelven las voces. La evasión resulta inevitable, y la realidad se vuelve abstracta a mi alrededor, hasta desaparecer. Las voces me hablan de otra realidad. En mi mente aparece ella, mi actual compañia y vuelven a discutir, pero cada vez soy más consciente de que su tertulia servirá de poco más que de simple entretenimiento, como un cutre programa de sobremesa en el que la gente debate sin llegar a ninguna solución real.
Y ahí sigo andando y pensando, en medio de la nada. Y me doy cuenta de que esa es la verdadera realidad. Yo. Esto solo ha sido un sueño.
Me propongo dejar de divagar. Intento fijar mi mirada en todo lo que me rodea. Sigo viendo gente, vidas que fluyen a mi alrededor pero sin cruzarse con la mía, rostros indiferentes, y finalmente descubro que no hay nada que ancle allí ni mi mirada ni mis pensamientos, y de nuevo vuelven las voces. La evasión resulta inevitable, y la realidad se vuelve abstracta a mi alrededor, hasta desaparecer. Las voces me hablan de otra realidad. En mi mente aparece ella, mi actual compañia y vuelven a discutir, pero cada vez soy más consciente de que su tertulia servirá de poco más que de simple entretenimiento, como un cutre programa de sobremesa en el que la gente debate sin llegar a ninguna solución real.
Y ahí sigo andando y pensando, en medio de la nada. Y me doy cuenta de que esa es la verdadera realidad. Yo. Esto solo ha sido un sueño.
papa noel dando la hora... lo que me quedaba por ver!!!!
ResponderEliminarY yo con mis labios febriles y palpitando te digo... que siempre acaba rompiendose esa burbuja de evasión y se vuelve a la cruda realidad de la que no se puede huir...
ResponderEliminarPero siempre va bien poder divagar, descubres muchas cosas de ti misma.
Me encanta esa imagen, tan sencilla y llena de sentimiento.
Como tu. :-) TSM
Tus propias divagaciones, tus dudas, tus dolores y soledades, tus vivencias y recuerdos.... y demasiados momentos de soledad.
ResponderEliminarPero no el vacío. Estás llena de ideas y de palabras, de imágenes. Intenta describirlas siempre.
Un beso.
un beso princesa
ResponderEliminary un abrazo
para que se calme un poco el dolor
Es que la realidad es uno mismo.
ResponderEliminarHasta el infinito y más allá
tienes un premio en mi blog pasate, espero que el puente fuera bien!
ResponderEliminarNo es un sueño, pasa en todas las grandes ciudades.
ResponderEliminarMIGUEL
gRACIAS POR VUETRAS VISITAS Y POR TODO VUESTRO CARIÑO EN ESTOS MOMENTOS
ResponderEliminarBESITOS
LAMENTO NO IR UNO POR UNO PERO ESTOY TAN CANSADITA.
ESPERO LO PERDONEIS